Adaptar un cachorro a casa y al gato

Hola a todos!

Este post no es sobre comer o viajar, es más bien de la parte de la vida. Me parece interesante lo que me gustaría explicaros e igual os puede ser de ayuda en algún momento.

Seguramente algunos de vosotros tenéis mascotas, incluso habrá quien es más de perros y quien es más de gatos. Yo era una persona de gatos, ya que es la única mascota que he tenido desde pequeña pero hace ocho años tuve una perrita que tristemente ya no está conmigo y me enseñó lo que es aprender a convivir con un perro, cuidarlo, quererlo y sobretodo adquirir conocimientos caninos. Han pasado dos años desde que se fue y honestamente me ha costado muchísimo volver a tener uno como mascota pero aquí estamos, tras mucho pensarlo, hacerme a la idea y dar el paso.

Me puse en contacto con diferentes asociaciones, refugios y perreras. Me llamó mucho la tención que siempre están haciendo difusiones de “urgente se necesita adopción o acogida, por favor dales una oportunidad” etc etc etc y cuando me ponía en contacto nadie me contestaba, escribía cada día, comentaba en facebook y nada. Me sabe muy mal por las oportunidades que pierden los animales debido a una mala gestión, igual y no tienen tiempo y están desbordados lo entiendo, pero aún así hay algunas asociaciones que jamás respondieron. De todas las que contacté solo cinco respondieron, en serio cinco. Lo primero que comentaba era que tengo un gato así que necesitaba que el perrito que me diesen en adopción tolerase a los gatos. De esas cinco personas solo una me contesto que tenía un perrito que aceptaba gatos. Fue Deltarescat de Deltebre (Delta del Hebro). Las otras me dijeron: “si tienes una gato no”.

Yo les escribí porque me interesaba un pitbull marrón, que vi en la descripción que tenía cinco años y nadie se interesaba en él y que necesitaba una familia, además se llevaba bien con los gatos así que pensamos ¿Por qué no? El caso es que ya estaba adoptado pero que tenían un pitbull de cinco meses que convivía con una gata, dos perros y cuatro niños.

Esta fue la primera foto que nos enviaron junto con la de abajo

Nos enamoramos al instante de esa albondiguita de carita triste. La verdad que no buscábamos expresamente un pitbull pero coincidió que escribimos preguntando por uno así que nos ofrecieron este chiquitín. Él es un cruce de Pitbull con American Stanfford. Por lo tanto se necesita licencia PPP.

Intercambiaba mensajes con la chica que lo tenía de acogida en su casa y me daba mucha pena ver que tenía una mirada tan triste pobre que yo solo quería que me lo trajesen ya. En su momento se llamaba Flake, pero cuando lo adoptamos le cambiamos el nombre a Kafka. Como el escritor.

El cubo de basura como unidad métrica internacional

Me hizo mucha gracia así que os comparto esta anécdota, cuando estaba comprando sus cosas: cama, platos, comida, chuchces y juguetes se me ocurrió preguntarle a la chica la medida del perro, así sabría qué cama comprarle. Ella al cabo del rato me envió esta foto diciéndome: “no sé como medirlo y así a ojo no te lo sabría decir pero mira, este es un cubo de basura estándar, para que te hagas una idea”

El gato, Jon Nieve. Como el de Juego de Tronos. Jon para los amigos.

A mi me interesaba que se llevase bien con los gatos porque esta cosita hermosa vive con nosotros en casa y es muy bueno. Amigable, juguetón, muy sociable y no quería que hubiese conflictos en caso de tener un perro que sea el típico que odia a los gatos. Jon es un gato común, de siete quilos, es enorme. Es hijo de una gata callejera que se coló en un parquing a dar a luz y cuando me enteré no quería que los gatitos fuesen callejeros también así unos cuantos conocidos, amigos y yo misma adoptamos a los gatitos.

Las gatas suelen mover a sus crías, así que me daba miedo que un día se los fuese a llevar a algún escondite durante la noche y no volver a saber de ellos así que esperamos, rezando, que pasasen las dos primeras semanas para que pudiesen tomar leche materna cuantos más días, mejor. Cuando ya los vimos grandecitos y fuertes los llevamos a sus nuevas casas. Yo a Jon lo crié con leche de fórmula Royal Canin, para gatitos lactantes.

La cosa salió bien y el chiquitín creció, más de la cuenta hasta convertirse en guapo que es hoy en día. De estas fotos hace ya cuatro años. ¡Parece mentira!

Este es él cuando tenía dos años y medio. Tener un gato no es tener una “mascota fácil” muchas personas piensan que es la mejor opción porque solo necesitan un arenero, no son muy exigentes con la comida o que no se ponen malitos nunca. Eso no es así, dista muchísimo de la realidad. Un gato se pone enfermo de las vías urinarias si no le cambias la arena dos veces por semana, si se estresa, si no le das la comida adecuada con los nutrientes necesarios. Tener un gato cuesta.

Supongo que influye mucho la edad de ambas mascotas. A mi me daba mucha más confianza que el perro fuese cachorro y el gato adulto, ya que será el gato quien marque las pautas. Por suerte, los primeros meses de vida de Jon coincidieron con la perrita que tenía antes así que básicamente el se crió con ella y aprendió varias cosas, por ejemplo cuando alguien llega a casa y él no lo conoce si lo acepta lo lame, igual que hace un perro , si no, simplemente lo ignora. También le gusta salir de paseo con su arnés.

Primer día del cachorro en casa

La gente se sorprende cuando digo que es un cachorro, si lo ven en fotos creen que es adulto por el tamaño. La verdad es que era bastante más pequeño cuando llegó a casa, crece a ojos vista el chico…Pero la verdad es que el 1 de marzo hizo seis meses.

Kafka con el papi

En cuanto nos lo entregaron conectamos al instante con él tanto mi pareja como yo y desde el minuto uno supo que es nuestro cachorro y que lo vamos a cuidar. Nos sigue a todas partes, nos ladra los buenos días es muy bueno, muy obediente. Un poco trasto pero es lo que tiene que sea un cachorrito.

Estábamos expectantes de ver cómo se llevaría con el gato. Como es normal Jon al principio era distante, se erizaba en cuanto lo veía, salía corriendo etc etc etc. Kafka en cambio se quería acercar a olerlo, intentaba jugar y nada. Cuando se acercaba más de la cuenta el gato le lanzaba un manotazo sin sacar las zarpas para decirle “estate quieto” y el perrito lo entendía.

Poco a poco se fueron acercando más, se olían mutuamente la cara se empezaban a tolerar más cerca de lo normal. Desde siempre cada vez que voy al baño el gato va conmigo, el perro también me perseguía todos lados. Ahora ir al baño es sinónimo de reunión familiar urgente.

Ellos cotilleando juntos en el balcón
Habitación del perro

Kafka rompe cosas. Si está solo se aburre y muerde (destroza) todo lo que pilla, así que cuando no estamos en casa él se queda en su habitación donde tenemos su jaula que es su zona de confort. Es muy importante que ambos aprendan a comprartir todos los espacios. a Jon le gusta ir a la habitación del perro a oler, a echarse en la cama o a estar dentro de la jaula. Al principio me daba miedo que el perro se sintiese invadido y se pusiesen agresivos pero por suerte eso nunca pasó. Hemos tenido la buena fortuna de que ambos ponen mucho de su parte, tienen un buen comportamiento y funciona muy bien premiarlos si hacen las cosas bien y castigarlos, encerrandolos solos por turnos en la habitación.

Haciendo la siesta

Kafka sabe que el gato es como una extensión mía, ya que casi siempre estamos juntos y eso ayudó a que se tolerasen muy rápido. A veces al gato le gusta ir al balcón a mirar la calle o los periquitos del vecino del balcón del edificio de delante y la mayoría de las veces el perro va con él. Un día que me decidí a echar una siesta, no lo suelo hacer ya que si no no duermo por la noche. Jon se echó conmigo, él duerme conmigo siempre, y Kafka también se tumbó a dormir con nosotros. Es muy importante hacer que los dos se sientan igual de queridos. El gato es muy cariñoso y le gustan mucho los mimos y los besos y yo no quería que eso cambiara por tener al perrito. Kafka cuando ve que le damos atención al gato viene corriendo a querer acapararnos y no se lo permitimos. Los dos reciben atención y amor por igual. Eso ha hecho que ellos dos también aprendan a quererse y darse cariño. El gato le lame la cara o se frota contra el dándole a entender que le aprecia y el perro solo quiere jugar…lo persigue, se muerden, juegan al pilla pilla. Están construyendo una relación muy buena. Cada vez que hacen algo y los tenemos que castigar lo hacemos en el mismo sitio, si Jon se sube a la mesa lo encerramos cinco minutos en la habitación (del perro), si Kafka se hace pesado con el gato también lo encerramos cinco minutos en la misma habitación. Los minutos de castigo depende de lo que hagan… Igualmente si hacen algo bien los premiamos. No somos partidarios de gritar o pegar a los animales porque eso es más contraproducente que positivo y hace que los animales cojan miedo.

Jon y Kafka haciendo la siesta juntos

Espero que os haya gustado y que si algún día podéis poner en práctica lo que hicimos para adaptarlos y para hacer más llevadero todo me alegraré mucho. Igual si tenéis algún consejo o sugerencia me encantaría saberlo.

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